Alertado por los gritos, ha llegado el jefe de bloque español. Ha preguntado:-¿Quién le arrea los veinticinco golpes?Nadie ha contestado. El campesino esperaba; no tenía miedo de los golpes, estaba desorientado.-Así que, ¿nadie quiere? Ha repetido el jefe de bloque.(...)A su alrededor protestaban:-Es un chiquillo, dejadlo ya.(...)El preso común iba a golpear oficialmente con la schlague, bajo la mirada aprobadora del jefe de bloque que tampoco era un preso político y que todos los días se metía al coleto carne y varias raciones de pan.
Robert Antelme, supervivent de de Buchenwald. 'La especie humana'. Arena Libros, 2001 (p. 167)